Otro capítulo importante es el de las guitarras de estudio, que ciertamente no atrajeron nunca la atención de José Ramírez III, quien se centró exclusivamente en las guitarras profesionales. Empezaremos por señalar que, ya en tiempos de José Ramírez I, estas guitarras, destinadas a principiantes, estudiantes y gente de poco poder adquisitivo, se vendían en las guitarrerías como alternativa a las hechas a mano que, naturalmente, eran mucho más caras y también de una calidad muy superior. Es decir, igual que ahora. José Ramírez I, que despreciaba las guitarras hechas en serie, también se vio en la necesidad de venderlas en su negocio. Al principio no les ponía etiqueta, pero con el tiempo se dio cuenta del error, ya que le venían con reclamaciones de guitarras que no habían sido vendidas en su tienda, pero al no llevar etiqueta no se podía rebatir la afirmación del cliente. Así que, finalmente, mandó hacer unas etiquetas especiales, diferentes a las que ponía en los modelos profesionales, y de este modo se acabaron los problemas.
En cuanto a José Ramírez II, no sólo continuó vendiendo guitarras de estudio hechas en serie, poniéndoles la etiqueta de la casa Ramírez, sino que además diseñó unos modelos de estudio que le hacían los mejores fabricantes que había entonces en Valencia. Uno de esos modelos se mantuvo hasta mediados de los 70 en la guitarrería, aunque ya entonces, desde hacía muchos años, se vendían modelos no diseñados por Ramírez, sino que se elegían entre la producción normal de algunas fábricas, buscando siempre, eso sí, una calidad lo más aceptable posible. En realidad, José Ramírez III, al igual que su abuelo, despreciaba las guitarras de estudio, por lo que no le importó esa lenta desaparición de las que antaño diseñara su padre. Sin embargo, José Ramírez IV no pensaba así.
Era muy consciente de la importancia de que esas guitarras para principiantes tuvieran una garantía de calidad respaldada por la casa. Se basaba en que alguien que empieza no debe, y por lo general no puede, hacerlo con una guitarra profesional, de modo que había que pensar en un instrumento que, además de ser accesible en precio, tuviera una buena calidad y resultara agradable de tocar. Así que en el año 86 diseñó una línea de estudio denominada "E", fabricada en exclusiva para Ramírez con una especial selección de maderas. Y ciertamente esa línea fue muy bien acogida como un buen punto de partida hacia el uso de la profesional. Más tarde, en el año 91, coincidiendo con los cambios realizados en los modelos profesionales, José Enrique diseñó otra línea de estudio más económica que la anterior, denominada "R", basándose en la plantilla del modelo profesional C86.
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